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HUMAN RIGHT

La gente opina

01-09-2008

Vivencias en Madrid III, Siglo XXI

Al ser un centro altamente compuesto por presos ó náufragos preventivos, como me gusta a mí llamarlos, los problemas de convivencia existen de modo general pero controlados. Los patios se componen de un pequeño grupo de náufragos permanentes que representan a grosso modo la población carcelaria. De este modo existirán latinos, gente del Este, del Magrheb, Africanos y Españoles. Estos son la mayoría aunque quedan pocos grupos de gente del resto del Mundo pero no de un número significativo. Son los permanentes los que se encargan de evitar que los conflictos se conviertan en guerra de clanes. No lo hacen como pudiera creerse porque son expertos en resolución de conflictos, sino porque al estar preventivos todos albergan la posibilidad de recuperar su libertad en el día del juicio (incluso si han sido pillados en flagrancia). La idea es llegar a juicio con el expediente más favorable posible. Aún así las peleas puntuales entre dos o cuatro individuos son frecuentes. Las armas corto punzantes abundan. Los más expertos en naufragología reincidente y fármaco dependencia suelen ser los más chisposos. La falta de actividad en los patios de Valdemoro avivan las llamas de la  violencia; darle vueltas al tontodromo (patio) no es suficiente para aplacar la densidad mental de los allí recluidos. Convivir allí es uno de los grandes retos mentales a superar y aunque grandes enemigos pueden generarse, grandes amistades nacen también.

La droga y los móviles también pululan en este centro para regocijo de muchos náufragos. Estos dos elementos aplacan los ánimos de los que allí cohabitan. Apuesto a que se preguntarán "¿cómo entran allí?" pues los náufragos seguro que no son quienes los traen. La sombra de la corrupción planea sin lugar a dudas. Es así que muchos carceleros son más bandidos que los que perviven allá. En época prenavideña o en ocasión del día de la madre, el promedio de cacheos aumenta considerablemente. Este fenómeno se debe a la necesidad de impulsar la demanda de telefonía. Para ello el mejor sistema es apoyar la renovación de equipos, sustituyéndole a los usuarios los antiguos por los nuevos. ¡Qué grandes economistas desperdiciados por la patria se encuentran en Valdemoro!

El conjunto de funcionarios no es homogéneo. Debo reconocer, aunque con cierta tristeza por su poca abundancia, que algunos de ellos realizan su trabajo con esmero y sobre todo con humanidad. A estos poquísimos les envío un caluroso saludo. Desgraciadamente la gran mayoría sólo van a pasar la tarjeta de asistencia de entrada y salida. Los abusos, vejaciones y humillaciones ocurren con una frecuencia preocupante. Fui testigo, palabra de honor, de que muchos de estos cuidadores humanos trabajan en condiciones de "sobriedad" bastante sospechosa. Ellos tienen sus cuadrillas organizadas: están los más o menos trabajadores, los que pasan y le delegan a los jefes de patio la responsabilidad del módulo y los que viven de la parranda. Resulta que ellos se ubican todo el día en un cubículo semicircular con vidrios de seguridad (en el argot popular es la pecera). Dentro tienen sus herramientas, las pantallas de las cámaras de seguridad, el micrófono del altavoz, las porras, un teléfono, un ordenador con el juego del solitario siempre activo y evidentemente el clásico manojo de llaves. Desde allí nos observan y vigilan. Pero los internos también ociosos les controlan, de tal manera que sin ellos saberlo les terminamos conociendo bastante. Ver a un funcionario como se transforma es cuando menos exótico. Llegan con una botella de agua de litro y medio llena, muy serios y bien puestos. Al medio día, cuando la botella va por la mitad, se observa un peculiar color rojizo en los mofletes del equipo oficial de vigilancia del módulo. Ya en la tarde, la juerga es total, la botella está casi vacía, los botones de la camisas oficiales se abren, los peinados con gomina han perdida su razón de ser y los llamados por el altavoz para requerir a algún preso se hacen casi indescifrables, un universo decadente impregna el lugar.

Valdemoro cuenta para casi mil cuatrocientos presos con un centro cultural. Allí se desarrolla una parte importante de esta isla deprimente. Está compuesto por un salón de actos o teatro y media docena de aulas. La escuela está sorprendentemente bien organizada y es que con el tiempo me enteré que su existencia no dependía de la dirección del centro; sus profesores son pagados por la comunidad de Madrid. Se imparten con mucho entusiasmo la primaria, el bachillerato o la secundaria, cursos de preacceso a la universidad, algunas tutorias para la UNED (universidad a distancia) y una clase con un profesor de gran conocimiento y calidad  humana, de historia del Arte. También se cuenta con un aula de ordenadores donde se imparten cursos de Word, Excel y Photoshop. Desafortunadamente muchos internos deben esperar bastante tiempo para poder acceder a estas actividades. Esto es debido a que el espacio  es muy limitado y a que la tramitación de los permisos para asistir (entiéndase como burocracia carcelaria) es muy lenta. Las instalaciones deportivas son de pena. El polideportivo cuenta con un gimnasio para un máximo de veinte presos y esto es de risa si se tiene en cuenta que en los módulos no hay gimnasio ni nada que se le parezca, de manera que ingresar en el listado que autoriza ir al gimnasio es un gran logro en la escala de beneficios de Valdemoro. A los que conforman esta lista se les llama Grupo A. La dirección del centro debe opinar que el deporte no ayuda a las personas porque su apoyo se nota por su ausencia.

La cárcel tiene como finalidad ser centro de reclusión para purgar un castigo impuesto por la sociedad; también para dar ejemplo a los demás ciudadanos pero principalmente para dirigir sobre el penado un tratamiento de reinserción. No nos llamemos engaño. En España no existe ni la cadena perpetua, ni la pena de muerte, esto quiere decir que un altísimo porcentaje de los náufragos que allí se encuentran recluidos volverán a tierra firme. Esta es una realidad sobre la que debo insistir: los internos que viven allí separados volverán a la sociedad. Corresponde a la junta de tratamiento el seguimiento y la aplicación del programa individualizado más adecuado para cada individuo que le permita a este último reincorporarse a la sociedad. La junta de tratamiento tiene entonces una gran responsabilidad. Debo decirlo claramente, en Valdemoro la junta no sabe lo que los términos trabajo, individualidad, tratamiento, seguimiento, humanidad, significan.

Está compuesta por ciertos actores, destacan el director del centro, director de tratamiento, psicólogos, pedagogos, un abogado, asistentes sociales y educadores. Para que se hagan una idea en dos años de reclusión no me entrevistó NINGUNO de estos personajes. Lo más aberrante es que no conocen a prácticamente ningún interno dentro del ámbito del tratamiento profesional. Pero la situación es aún más grave cuando además complotan contra los pocos por no decir únicos funcionarios que quieren trabajar.

Resulta que desde hace muchos años existe un alma de Dios en ese infierno, es un pedagogo. Para encontrarle hay que escudriñar en el despacho más pequeño de todo el lugar. Este hombre consciente de la abrumadora cantidad de trabajo decidió abrir un "grupo de autoayuda". En este grupo SI se trabaja de verdad; él nos enseña a escuchar, a respetar, a tolerar, en definitiva nos conoce. Su trabajo está tan poco respaldado que el director le ha vetado el voto durante las juntas, buscando desalentar al único que entiende de reeducación. Este pedagogo sabe, fruto de su experiencia, que el preso dejará de serlo algún día. Sí señores, el preso dejará de serlo algún día, estará entre todos nosotros, entonces quítemonos  la venda de la irresponsabilidad y pidamos al Estado que cumpla con la Ley, con la reinserción, con la reeducación, pidámosle responsabilidades a estas Juntas que no trabajan, que se dedican a sembrar el rencor y el odio entre los náufragos. Cuando le deniegan por un supuesto mal uso un permiso a un individuo que ha cumplido con más de una tercera parte de su condena ( los beneficios dice la ley pueden empezar a otorgarse desde la cuarta parte), con un dossier sin faltas y al que NUNCA han visto en persona. Y yo me pregunto cómo si los integrantes del equipo de tratamiento no han entrevistado al preso pueden aseverar que éste hará un mal uso de su oportunidad de gozar, de apreciar, de valorar la vida en libertad junto a sus seres queridos. ¡Además de economistas en potencia los adivinos son otro conjunto de prestigio en esa institución!

Hago una llamada urgente a la sociedad civil, a los padres de la patria conformados por los tres poderes: ayudad a vuestros hijos descarriados, tal vez se hayan equivocado, pero tenéis en vuestras manos y en la Ley la potestad de salvar a cientos a miles de ellos. No permitamos que regresen aún peor de como entraron. Esto es una responsabilidad de todos. La reinserción es posible. 

DEDE


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